Cuando el cansancio no se va durmiendo
Hay un cansancio que el descanso no toca. Duermes ocho horas y despiertas con la misma sensación de estar arrastrando algo. Te tomas el fin de semana y el lunes vuelve intacto.
Cuando eso ocurre, el cuerpo no está pidiendo más horas de sueño. Está diciendo otra cosa.
El agotamiento tiene información
El cansancio emocional aparece cuando llevamos tiempo sosteniendo más de lo que podemos, sin espacio para procesarlo. No es debilidad ni falta de disciplina. Es la consecuencia natural de funcionar sin detenerse.
A veces avanzar comienza por detenerte.
Muchas mujeres llegan a consejería describiendo exactamente esto: siguen cumpliendo, siguen respondiendo, siguen estando ahí para todos. Y por dentro hay una fatiga que ya no cede.
Preguntas para empezar a mirarlo
- ¿Desde cuándo me siento así, con honestidad?
- ¿Qué estoy sosteniendo que nadie me pidió sostener?
- ¿Cuándo fue la última vez que alguien me preguntó cómo estoy y respondí de verdad?
No necesitas responderlas todas hoy. A veces basta con dejar de fingir que la pregunta no existe.
Sentir cansancio no es fallarle a Dios
La fe no exige negar lo que sentimos. Nos entrega un lugar seguro desde donde atravesarlo. Puedes llevar tu agotamiento a la oración sin maquillarlo, sin tener que llegar con una conclusión ordenada.
Y si sientes que necesitas hablar de esto con alguien, no tienes que hacerlo sola.
¿Te reconoces en esto?
Podemos mirar juntas lo que estás viviendo, sin apuro y sin juicio.
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